A nte todo quiero agradecer la invitación de los amigos y amigas de www.episodiopiloto.com para darme un espacio en su blog.
En los últimos años el desarrollo tecnológico operado en los dispositivos productores de imágenes-movimiento caracterizado por el acople entre televisión, telefonía celular, Internet, y realidad virtual, ha venido desplazando paulatinamente el monopolio que tradicionalmente tenía el dispositivo cinematográfico. Si en los últimos cincuenta años la televisión estaba subsumida al cine, esta relación ahora se ha invertido siendo el cine quien debe adaptarse a formatos televisivos, sea para captar la atención de los nuevos sujetos-espectadores, sea para convertirse en serie de televisión.
Desde luego, tanto el cine como la televisión tienen en común el ser productos de una industria, es decir, mercancías que deben ser vendidas (consumidas) en el mercado para generar ganancias. Y, a la vez, a la serie de televisión y al filme se les exige –desde la crítica, los ámbitos académicos, y desde un sector de sujetos-espectadores “especializados”- que sean también o principalmente un producto artístico. Esta hiancia, entre lo comercial y lo artístico, que marca a la serie de televisión y al filme es estructural en tanto condición social de producción y consumo.
Siguiendo a Alain Badiou, el criterio para analizar cuanto de artístico y de comercial hay en un filme –o en una serie de televisión, esto lo agrego yo- consiste en localizar cuanto de lo estructuralmente comercial ha sido descartado a favor de lo “artístico”, pero teniendo en cuenta que lo artístico ha sido también colonizado por lo comercial y lo comercial por lo artístico.
¿Qué es lo que hace que una serie de televisión se imponga al cine en el contexto de estas determinaciones sociales que hemos reseñado? En un filme es mucho más difícil que en una serie de televisión producir un descarte de lo comercial que permita hacer emerger no lo “artístico” sino un discurso crítico y transgresor (que haga pensar al espectador, lo haga cuestionar(se) y cuestionar su relación con al sociedad en la que vive, etc.).
En el cine, el director, los guionistas, los productores, los actores, disponen de solo dos horas y media para resistir; en una serie de televisión disponen de varias “temporadas” con diez, quince o veinte episodios en cada una de ellas para la misma práctica de resistencia. Es cierto que la lógica comercial no deja muchas veces que prosperen series más allá de su primera temporada por falta de audiencia y por ende de anunciantes. Pero también es cierto que en la medida en que se va estableciendo un campo cultural específico alrededor de las series de televisión, y el aparato industrial se va complejizando y las audiencias globalizando, aparecen condiciones de posibilidad para que el tamaño de la hiancia entre lo comercial-artístico y lo crítico-transgresor se amplíe, de tal modo de lograr mutuas autonomías relativas que hacen que lo comercial deba asumir formas crítico-transgresoras. Tengo en mente series de televisión como Dexter, Lost, Fringe, Boston Legal, House, y no me imagino que alguna de ellas pueda ser convertida en filme manteniendo el alto grado de crítica transgresora que sostiene cada una de ellas, episodio a episodio, si la narración quedara reducida a dos horas y media. Y a la vez, más de un filme “industrial” llevado al formato serial televisivo podría convertirse en una excelente narración critica-transgresora.
No estoy anunciando la “muerte” del cine ni haciendo la apología de la televisión, sino tratando de describir cambios sociales estructurales en el proceso de producción-recepción de las imágenes-movimiento. En este proceso también va apareciendo un nuevo sujeto-espectador y nuevos usos y aplicaciones de las técnicas narrativas que abren condiciones de posibilidad para que se abran brechas dentro de los dispositivos comerciales para que pueda surgir un discurso de resistencia, nuevas formas de creatividad y nuevas formas de transgresión.








Gracias Luis por el post, tu participación nos enaltece!