Al principio fue la Ostranenie
Empecemos por el principio, es un muy buen lugar para empezar. Cuando lees, empiezas con a,b,c ; cuando cantas, empiezas con do, re, mi. Y cuando se trata de pensar las estructuras de nuestras series, empezamos con la Ostranenie. Escrita así, con mayúscula, la palabra parece referirse a una nueva serie de espionaje, con personajes de la mafia rusa, con Irina Derevko. Pero no. Se trata de un concepto que tomamos prestado de la teoría literaria para comenzar esta larga tarea de reflexión y estudio.
Al adicto de las fast-definition, esas definiciones en 3 renglones que ordenan datos en cajones y nos mastican la información, le recomendamos que vaya a leer el artículo de la wikipedia sobre la ostranenie, si lo encuentra, o si comprende el inglés; nosotros, como leemos ruso, recomendaremos siempre, entre esas fast-definitions, la original: ocTapaHeHNe (los entendidos podran incluso comprender como el término en ruso no llevaba al principio la letra “h”).
Para el resto que prefiere enterarse por aquí, le diremos que la ostranenie, o ocTapaHeHNe, o extrañamiento, es un procedimiento literario cuyo objetivo es la desautomatización de la mirada. ¿Qué?
Hagámosle caso a Julie Andrews y empecemos por el principio: un grupo de estudiosos rusos se propuso, a principios del siglo XX, “crear” una ciencia para analizar la literatura. Salvando las distancias, lo mismo habíamos planteado en este sitio: un grupo de monitos tratando de estudiar las series televisivas de comienzos del siglo XXI mediante un análisis científico. La ciencia de nuestros amigos rusos se llama actualmente “teoría literaria”. Y como toda ciencia tiene que tener un objeto de estudio, el de ella fue la “literaturidad”, es decir el aspecto o elemento literario en un texto. ¿Qué?
¿Cómo podemos diferenciar un texto literario de un texto no literario si ambos están compuestos del mismo elemento, las palabras? ¿Qué diferencia hay entre una crónica policial aparecida en el Clarín y un texto policial de Borges? La diferencia, dirán nuestros amigos rusos, estará en la forma de contar el contenido. Según ellos, la vida cotidiana termina por automatizarnos: repetimos siempre los mismos movimientos, surfeamos siempre por las mismas páginas en el mismo orden (mi orden es: gmail/clarín/ole/as/bloglines/chicasdeleste), vamos al baño aunque no tengamos ganas, nos sentamos y nuestro organismo automatizado igual desprende materia fecal. La literatura, al contrario, tiene que desautomatizarnos, hacernos ver las cosas de una manera diferente. ¿Y cómo puede realizarlo? Mediante la ostranenie, proceso que consiste en contar las cosas desde un punto de vista diferente, singular, narrar un hecho desde una perspectiva distinta, extraña, escribir una novela como si uno fuese un caballo por ejemplo.
La pregunta que debía hacerse un escritor no era ¿qué contar? sino ¿cómo contarlo? El analista, entonces, tendrá que analizar la forma, la estructura, en lugar del contenido.
El fanático del mundo televisivo ya se está dando cuenta a dónde apuntamos. Estamos proponiendo, en un primer tiempo, un análisis formal de las series de tv. Leer sus estructuras, sus huecos, sus puntos muertos, sus genialidades, su extrañamiento.
A modo de cliffhanger les dejamos un gráfico que analizaremos en la próxima entrega. Este capítulo se cierra así, justo un segundo después de saber que Michael Vaugh ya no es Michael Vaughn:
















Muy interante! Estamos esperando el próximo capítulo.
14 April 2008 at 7:15 am