El medio es el mensaje
Desde qué perspectiva se puede estudiar una serie de televisión? Cuando leemos los sitios webs consagrados a las series, nos damos cuenta de que éstos (en su gran mayoría) se dedican a hacer résumenes de los capítulos que han pasado, spoilers de los capítulos a venir, teorías fantasiosas o acertadas sobre el futuro desarrollo de la trama, noticias sobre la vida privada o artística de los actores, directores y productores, notas de color sobre el fanatismo que despierta la televisión o simplemente un montón de apreciaciones subjetivas que lo único que buscan decir, gritarle al mundo, es lo mucho que nos gusta (o no) sentarnos a ver una determinada historia.
Pero qué pasa con un análisis objetivo, académico, científico sobre las series? Me cuesta encontar este tipo de estudios en la web. Generalmente se privilegia el estudio del contenido por sobre el de la forma, el de la estructura. Se describe en vez de analizar, se opina en vez de estudiar.
Marshall McLuhan, allá por los finales de los ‘60, sostuvo la ya célebre frase “Medium is message”, el medio es el mensaje, para referirse a un determinado enfoque a la hora de pensar la influencia de la televisión y de los nuevos medios de comunicación. Según este pensador canadiense el canal de transmisión (en este caso la tele) afecta a la sociedad mucho más de lo que lo puede hacer el contenido. En ese sentido el verdadero valor del mensaje se extrae de la combinación entre mensaje (contenido) y medio de comunicación (forma). Para explicarlo con un ejemplo actual: lo que decimos en una conversación por msn está influenciado por las características de ese medio de transmisión. El medio (msn) afecta nuestra comunicación; no vamos a decir lo mismo si lo hacemos en una sala de chat, en una ventana de msn, en una conversación telefónica o en un sms. El medio “ayuda” en la construcción del mensaje.
La teoría de Mcluhan tuvo sus seguidores y sus detractores pero de ellos nos ocuparemos en otro momento. Queremos acá hacer hincapié en la importancia del medio, de la forma, de la estructura cuando hablamos de las series. No basta (para nuestro propósito) con decir (a) lo mucho que nos sorprendió (o no) el final del episodio 7 de Lost. No basta tampoco con descubrir que (b) Sawyer estaba leyendo un libro de Bioy Casares. No sirve intentar descubrir (c) lo que los autores nos quieren decir ni (d) lo que significa un oso polar (ya sé, son todos ejemplos sacados de Lost, pero porque es en este momento una de las series más populares del mercado). En cambio vamos a preferir lo siguiente:
a) ver como está construído el capítulo 7, analizar su funcionamiento;
b) comprender como la cita de “La invención de Morel” coincide con el horizonte de expectativas del público;
c) olvidarnos del qué y estudiar el cómo;
d) comprender que la existencia de una sóla significación es imposible;
Estos son sólamente algunos ejemplos al azar que apuntan al análisis estructural de las series televisivas. Para llevarlo a cabo vamos a tomar prestado a la teoría literaria algunos conceptos y nociones que nos ayudarán a desarrollar nuestra tarea. Vamos a ver (eso espero) como algunas ideas estéticas originadas en el área de la literatura y del arte en general pueden ser aplicadas al ámbito televisivo. Poquito a poco, quizá (si algunos ilustres lectores y comentadores de esta web tienen ganas y tiempo) podremos empezar a crear toda un red conceptual propia cuya misión será adentrarse en el funcionamiento de nuestras series preferidas.
Este artículo sirve así de introducción y de preámbulo para las próximas notas que aparecerán en esta sección que bautizamos Basta de descripciones & Basta de Espoilers!


















Dexter, lo social hecho cuerpo
Cuando una serie de televisión propone distintas y contradictorias interpretaciones, abre polémicas y desata pasiones es porque algo nos está diciendo sobre el mundo social en el que estamos inmersos. Nos dice algo sobre nuestras sociedades actuales y nos dice algo a quienes no somos otra cosa que los nudos constituyentes de ese mundo social. En Dexter el discurso está hecho imágenes que nos hacen ver, escuchar, pensar, en el revés de la trama de lo que llamamos realidad social, poniendo al descubierto los intrincados simulacros que sostienen las apariencias sobre las que está construida la cotidianeidad. Dexter no nació tal como es, no es un error “genético” ni una anormalidad relegada a las clasificaciones de lo sustancialmente diferente. Dexter no es otra cosa que un producto de las formas en que los sujetos son fragmentados, como los cuerpos, por una modernidad cuestionada en sus pretensiones de universalidad. En mi interpretación, Dexter constituye una radical aproximación crítica, puesta en imágenes, de la crítica filosófica contemporánea acerca de lo que es un sujeto. Y la perspectiva de esa crítica se enfoca en el protagonista excluyente de la serie que es el cuerpo. ¿Qué es un cuerpo? ¿Qué es lo que puede un cuerpo? ¿Quién es ese oscuro pasajero que todos llevamos dentro? ¿Cómo lo social se hace cuerpo? La realidad está allí, al desnudo, pero no podemos verla agobiados por las sujeciones que nos imponen las estructuras mentales adquiridas y a través de las cuales nos hacemos “normales”. Estructuras mentales que no son otra cosa que estructuras sociales in-corporadas. Dexter nos propone un viaje hacia las zonas oscuras de la modernidad, y su principal mérito es mostrarnos que esa oscuridad no nos es ajena y que, en muchas formas, ese oscuro pasajero que habita en Dexter no es lo que lo hace diferente a cualquiera de nosotros. Vivimos en una sociedad aberrante que simula que las aberraciones están afuera y Dexter, pensando y actuando desde ese afuera, no hace otra cosa que mostrarnos que la trasgresión no está más allá sino más acá del límite entre la realidad social y lo Real.
Luis Fanlo
Doctor en Ciencias Sociales y Sociólogo (UBA)
26 March 2008 at 4:11 pm