Los que nos leen a diario sabrán que quienes escriben en esta pagina piensan que True Blood es una gran serie, que sus tres temporadas pasadas ya han marcado un antes y un después en la historia de las series de Televisión, sin embargo el principio de esta cuarta temporada nos dejo un sabor amargo, veremos porque.
La cuarta temporada de True Blood comenzó con un juego de hadas muy de Alicia en el País de las maravillas mezclado con Star Wars, un abuelo joven que apareció y un año que duró tan solo unos minutos para la cabeza de Sookie, la heroína de la serie. Podemos decir que recién aquí, luego de esta escena fantasmal, para nosotros comenzó True Blood.
Aparecieron los dos pretendientes chupasangre, el hermano convertido en policía recatado, un bar que sigue igual pero sin la negra, una historia de brujas poco atrayente y un Bill que ahora es quien maneja la batuta (que desde el momento que obliga al vampiro rubio a irse uno ya lo comenzó a sospechar)

Poco sexo, solo una escena de amor lesbico en el que a una sola se le ven las tetas mientras que a la otra, nuestra negrita amada amiga de Sookie, Tara, sigue escondiendo sus partes privadas negándonos ese posible buen cuerpo. Nada de mordidas ni acciones maléficas de los vampiros, poca acción y morbo. Verdaderamente no parecía estar viendo True Blood.
















