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30 Mar
2013

Cuando la ciencia pasa de los laboratorios a la pantalla

Excelente nota del día MARTES, 26 DE MARZO DE 2013 en Pagina 12

Cuando la ciencia pasa de los laboratorios a la pantalla

Programas como CSI (y sus spinoffs), Dr. House, Bones, Lie to Me y The Big Bang Theory, además del argentino Area 23, marcan un cambio de paradigma y generan curiosidad en los televidentes respecto de lo que son y lo que hacen los científicos.

Por Sebastián Ackerman

En el año 2000, en el panorama de las series policiales irrumpió una que intentaba resolver crímenes de un modo particular: la intriga típica de “misterio a resolver” pasaba de la calle y el policía intuitivo, que descubría quién cometió el delito, a los laboratorios y un equipo de policías forenses que, tras una serie de pruebas, lograba identificar al delincuente. Tal fue el éxito de CSI (lunes a las 21 por AXN) que tuvo dos ramificaciones: CSI Miami y CSI NY. Y la razón científica se extendió a otras series: desde entonces, Dr. House (repeticiones, lunes a sábado a las 19 por Universal), Bones (viernes a las 21 por FX), Lie To Me (repeticiones, domingos a las 21 por Investigación Discovery) y la comedia The Big Bang Theory (martes a las 21.30 por Warner) hicieron de cómo resolver asesinatos, la manera en la que se puede curar una enfermedad, las fórmulas de la física experimental o la aplicabilidad de sus teorías el contexto en el que las historias que cuentan tienen lugar.

Los científicos ganaron en popularidad: el laboratorio forense liderado en sus inicios por Gil Grissom ya va por su decimotercera temporada, el médico encarnado por Hugh Laurie ingresó en el 2012 en el Libro Guiness de los Records por ser “la ficción más popular del mundo” (81,8 millones de espectadores en 66 países), y el primer episodio de la sexta temporada de la sitcom protagonizada por cuatro nerds y su vecina mesera fue visto por más de 15 millones de personas sólo en los Estados Unidos. Página/12 consultó sobre este fenómeno a expertos no sólo sobre las series, sino que además son expertos en el campo científico: los biólogos Diego Golombek y Luis Cappozzo, el físico Alberto Rojo y la química Valeria Edelsztein. La pregunta, claro, es por qué la ciencia pasó de generar “ratas de laboratorio” a estrellas de televisión.

En el día a día

El siglo XXI marca una diferencia en cuanto a desarrollo e innovación científica y tecnológica: cada conocimiento nuevo que se produce en un laboratorio tiene consecuencias (casi) inmediatas en la vida cotidiana. “Responde a una lógica de los medios en los cuales la ciencia y la tecnología real están siempre presentes”, observa Golombek, y agrega que no es simplemente una promesa de lo que vendrá. “Hay cambios vertiginosos en comunicación, en energía, en salud, con lo que estos personajes se vuelven un poco más parte de la realidad cotidiana. De ahí que estén tan reflejados en las series actuales, más allá de que están exagerados, igual de exagerados que está un policía o un detective en una serie.” Y Cappozzo apunta que detalles de la vida cotidiana, “desde los smartphones hasta los análisis que hace el médico o las operaciones bancarias, requieren que se conozca desde un lenguaje que proviene del mundo de la ciencia. Estamos en el siglo de la ciencia y la tecnología”.

Pero no es sólo una cuestión del día a día, sino también una especie de apuesta al futuro, creen. Un cambio de paradigma, para decirlo en términos científicos. Golombek opina que estas series posiblemente se deban “a lo que la gente está acostumbrándose a ver, la riqueza de una sociedad no está solamente en las reservas que tiene en el Banco Central, sino también en sus ideas, las patentes, y en cómo puede intercambiar tecnología. Si esto va creciendo en el imaginario social se va a ver reflejado en la tele”, analiza. Edelsztein, por su parte, sostiene que da cuenta de una apertura de la comunidad científica y un mayor interés del público respecto de qué hacen los científicos. “Estas series están mostrando un lado de la ciencia que no es el que uno se imaginaría, porque cuando se piensa en la ciencia es un tipo medio ermitaño –arriesga–. Pero se pueden hacer otras cosas, que tienen una explicación, y pueden servir para resolver un crimen, hacer un diagnóstico, y también puede ser divertido. Eso hace que a la gente le interese. Genera curiosidad.”

Divulgación sin vulgarizar

Un debate muy encarnado en el mundo científico –y sobre el que no hay ni habrá una postura unificada– es si las distintas formas de “divulgación científica” ayudan a la comprensión no sólo de los resultados de experimentos o avances científico-tecnológicos, sino también a las maneras y los caminos realizados para llegar a ellos. Y si los programas televisivos eran motivo de rispideces, las series aumentaron el escozor de la polémica. “A través de la televisión e Internet tienen una masividad que de otra manera no podrían lograr”, concede Edelsztein, y está convencida de que la televisión da “una oportunidad genial para comunicar ciencia”. “Hay que ver cómo se hace con los tiempos de televisión, con el formato de televisión. Es difícil, porque tenés que por un lado mantener lo televisivo, y por el otro lado también es interesante mantener cierto rigor, transmitir algún concepto. Es una oportunidad genial.”

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